¡Pepe! ¡Pepe! ¡Toreo de raza que naciste para morir en la plaza! Hace veintiún años entregaste tu incomparable existencia al Todopoderoso, en medio del dolor y llanto de la afición; hoy los fieles “Caceristas” y auténticos aficionados te recordamos como el maestro pleno de enjundia, torería, casta y ejemplo de profesionalismo dentro y fuera del ruedo. ¡Cuántos y cuántos soñamos con emularte diestro grande de Honda que toreabas como si fueras de Ronda… loor a tu memoria!
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